miércoles 17 de junio de 2009

Bloomsday

He dormido bien, extrañamente. Desayuno solo, me aseo y miro mi miembro con cierto asombro, hoy va a ser un día muy relajado. De camino al trabajo despliego mi paraguas rojo y no sé si la gente mira sus siglas blancas, su fondo bermellón o al tipo que blande un paraguas alejado del negro normativo, sin duda un transgresor. El tedio de los paseos solitarios de más de cinco minutos me lleva a conectar acontecimientos lejanos con otros muy próximos: lluvia, desafinación. En el primer llanto del niño al nacer, está presente (o no) una armonía musical que va a promover que llueva o que contendrá la precipitación. Sólo queda cuadrar los nacimientos de niños con o sin facultades musicales, y los fallecimientos de virtuosos frente a los de desafinados. Llego a dudar de la falsedad de mi teoría. Sin darme cuenta, ya estoy en el trabajo y luego un café en el que coincido con E. No puedo dejar de mirar sus dientes preciosos y levemente desordenados. Respondo automáticamente a sus explicaciones de la crisis, y me aterra que llegue a percatarse de que sólo admiro el marfil de su boca, por lo que repentinamente clavo mis ojos en los suyos con tal intensidad que también se presta a equívocos. Llega J., y nos ayuda a desfacer el entuerto: fin del café. Una claridad repentina inunda la oficina porque está escampando. Al acercarme a la ventana aspiro el fuerte olor corporal de H. Dudo entre considerarle un hombre sucio y aplicarle todas las categorías mentales que aplico a la gente que no se ducha, o no hacerlo y achacar ese almizcle a su carácter tanto como la pereza o su capacidad de consolar. Salgo, ya he trabajado bastante.  Andy ya está muerto, y hoy aún no me había acordado. Poco a poco el tiempo cicatriza el navajazo de la muerte, y uno piensa que su vida, la que le resta, será un rosario de fallecimientos de conocidos, allegados, amigos, y que sólo va a conocer la muerte del prójimo; la suya la conocerán otros (su hijo, por ejemplo) . Pero la muerte del perro es muy dolorosa, porque es una muerte distinta a otras. Nuestra vida comprende varias vidas de canes y eso nos hace sentir una superioridad metafísica en absoluto justificada, que se trunca con su muerte. Era un animal sencillo, te quería con locura y ya no tienes tiempo para demostrárselo. Además te dirigías a él con un ¡ Andy! que sonaba en exceso autoritario, de amo. Y él, adoración completa. Ahora nos toca llorar. Para aplacar la pena, cojo el coche y salgo de Plasencia en dirección al valle a robar fruta y alimentarme con todo lo que no sea carne, lo que no tenga relación alguna con Andy, con nada que hubiera respirado o que proporcionara calor en las tardes de invierno. Poco tráfico, toca mirar nubes: un cocodrilo, un vulgar Santa Claus y un rostro demacrado, como de indígena. El cadáver de un zorro atropellado en la cuneta me saca de la ensoñación sobre cirros y cúmulos y pienso en el dolor que no sentirá el animal al ser aplastado por un camión o una furgoneta avanzando a toda velocidad, paradojas del alma. A dónde migrará. 


Aparca en el borde de una carretera secundaria, salta el muro y mientras engulle sin paladear puñados de cerezas que le tiñen las comisuras de un tinte carmesí, mira a uno y otro lado asustado con un miedo animal que le recorre el espinazo. Suda y jadea. Hace tiempo que dejó de llover.

9 comentarios:

Francisco Fuentes 17 de junio de 2009 14:51  

Perturbador, me ha arrancado una sonrisa y me ha contagiado su melancolía.
"Andy ya está muerto, y hoy aún no me había acordado." La naturaleza humana al desnudo.

Manuel Curiel Arroyo 17 de junio de 2009 18:12  

Al fondo, siempre está la muerte, de acuerdo con Cortázar. Y animales.

Orges 17 de junio de 2009 20:21  

Siempre siempre.

Joder, quería que siguiese. O no.

Manuel Curiel Arroyo 17 de junio de 2009 21:33  

Hombre Jorge, cuánto tiempo. La misma duda que a ti me asalta. ¡ Salud!

Blumm 18 de junio de 2009 00:13  

Joder qué buenos todos los bloomsday que he leído hasta ahora.
Enhorabuena.

Manuel Curiel Arroyo 18 de junio de 2009 01:11  

Gracias a ti, me enteré por Desóxido.

Portnoy 21 de junio de 2009 17:31  

Estoy con Orges, este texto debería seguir... esa imagen final me resulta perturbadora.
Muchas gracias por tu colaboración, todo un lujo y un placer, en serio.

Manuel Curiel Arroyo 21 de junio de 2009 21:27  

El placer es mío, gracias por la oportunidad y la idea Portnoy.

Diego Niño 22 de junio de 2009 04:25  

La muerte genera un silencio vecino al misticismo…

Excelente Bloomsday!!

Saludos desde la fría Bogotá