Un pozo sin agua, profundo, y sobre el suelo circular una chica arranca notas al contrabajo que son risas -pero también gritos- que desean un mundo mejor para el pozo; no para el prado arriba, ni para el cielo o el aire, sino para el pozo y su negrura húmeda. La niña golpea con furia las cuerdas del contrabajo y llora en la quietud del pozo, porque ansía recluirse allá abajo rodeada de misterios y en contra de unas voces angustiadas que la luz deja caer de cuando en cuando.
2 comentarios:
Sobran, en efecto, ampliaciones o mejoras a firmamentos refulgentes…
Saludos cordiales desde la fría Bogotá
También lo creo, Diego.
Saludos cordiales desde una Plasencia canicular.
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