He dejado la puerta abierta
por si entraba la esperanza.
Cada mañana inocente pienso
qué será de aquellas flores
cortadas.
Tal vez no amamos la carne
más acá de los espejos.
Olvidé cerrar la puerta
y se coló el miedo en la noche.
Sentí en el costado el peso
de la cabeza de un muerto;
silabeaba en latín -plañidero-
unos versos pasto del olvido.
He abierto de par en par
al rayo último de la tarde.
Ulula el espíritu de la noche
anhelando reinar por siempre,
pero ignora que los niños rasgan
el espeso manto con su grito.

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